LEYENDAS DEL ROCK 2015 – VIERNES

Escrito por Antonio Barrera
Categoría: Leyendas del Rock 2015 Creado: Viernes, 18 Septiembre 2015 09:22
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Segunda jornada del festival, y empezamos por el principio. El primer grupo, en el escenario Azucena, eran los israelíes Orphaned Land. Una banda de música difícil de catalogar porque han llegado a mezclar géneros realmente extremos con sonidos propios de oriente medio. No obstante, en la actualidad (y así se comprobó en este concierto) se moderan bastante en la dureza de su estilo, quedando en un Folk Metal con una fuerte carga étnica y algunos detalles más duros.

Esta multicultural e integradora formación se disponía en el soleado escenario con sus cinco componentes repartiendo sus labores, para así arrancarse con el tema que da título a su último disco de estudio: “All Is One”.

Aún no se veía a mucho personal dentro del recinto. La gente iría entrando poco a poco y aún era temprano, pero la verdad es que la propuesta de Orphaned Land no es fácil de asimilar para metalheads de carácter más “purista”, podríamos decir. La mixtura que proponen los israelíes navega entre las tradiciones de las tres culturas que conviven en la tierra de Orphaned Land. Cultura judía, cristiana y musulmana se mezclan con el Metal para obtener temas como “Barakah”, un poco más dura que la primera, sobre todo en el comienzo.

Luego vendría “The Kiss Of Babylon”, desde su disco “Mabool”, en una versión más corta que la del disco. Esta creo que sonó mejor, básicamente porque las melodías entraban también mejor, con unas guitarras entrecortadas pero con riffs más eminentemente metálicos. Juegos de voces en un medio tiempo que no dejaba de contar con sus detalles étnicos.

Esta fue la terna inicial de manos de Kobi Farhi y los suyos. Kobi (con una túnica negra que le cubría todo el cuerpo) es el que entona las letras llenas de mensajes en post de la integración y la coexistencia de las culturas mayoritarias (particularmente en el convulso oriente medio). La verdad es que, si su música es compleja por la fusión de estilos, estos mensajes no lo son menos por la dificultad de que su temática tenga repercusión en unos asuntos tan problemáticos. Pero bueno, aquí que nos centramos estrictamente en lo musical, la entonación de Kobi a la hora de cantar es uno de los elementos diferenciadores de Orphaned Land.

El turno pasó a “The Simple Man”, la cual tuvo muy buena respuesta por parte del público, que estuvo dando palmas al ritmo de la canción y según Uri Zelcha mosheaba con el sonido denso de su bajo. La canción no es muy larga y las guitarras sacaron buenos riffs, por lo que quedó bastante bien.

“Birth Of The Three (The Unification)” servía como muestra de eso que decía acerca de las letras buenistas, aclamando por la convivencia de tres culturas nacidas del mismo seno. Es más, así es como lo explicaban. Aquí volvieron a encontrarse ritmos entrecortados con giros hacia estrofas donde los sonidos metálicos resultaban más patentes.

Pasaron otras como “Olat Ha’tamid”, del popular “The Never Ending Way Of ORwarriOR", que parecía ser conocida por gran parte del público que se había reunido frente al grupo. Los ritmos de su Oriental Heavy Metal (como ellos mismos proclaman su música) surgieron muy bien estructurados y dieron razones por la que aquel disco tuvo tanta repercusión.

Y esto mismo se podría argumentar al oír “Sapari” (del mismo Lp), un tema muy sonoro y con buenas dosis metálicas que conjugaban bien con la fuerte carga étnica de su sonido. La pena era la ausencia de Shlomit Levi sobre el escenario, que no de su voz, que sonó pregrabada por los equipos de sonido. Hubiera sido un placer verla en persona, pero creo que ya no milita en Orphaned Land ni aún para los directos.

El final se acercaba con “In Thy Never Ending Way”. El comienzo sonaba espectacular con el sonido del bouzouki y los coros. No dejaban de haber matices orientales, pero la canción era sin duda un tema de Heavy Metal y además bastante duro en la música. Las guitarras de Chen Balbus e Idan Amsalem sonaron con fuerzas sobre la base de la buena batería de Matn Shmuely. Seguramente lo mejor que nos dejaron los israelíes.

El remate fue con su tema más conocido “Norra El Norra (Entering The Ark)”. Hubo un buen puñado de seguidores que cantaron el estribillo al unísono con Kobi. Una melodía muy grata para ser oída y canturreada, dentro de una canción que no era muy compleja, pero en cambio resultaba hasta divertida.

En fin, que fue un show interesante por la propuesta de la banda en sí, y hasta por su propia personalidad. Como era la primera vez que tenía la oportunidad de verlos, creo que valió la pena acercarse a tan temprana hora para disfrutar del Folk Metal oriental.

Rápidamente pasamos al Jesús de la Rosa, donde todo estaba preparado para la participación de Turisas en el Leyendas 2015.

Con un enorme y bonito telón de fondo (la verdad es que era impresionante) decorado con imágenes que parecían propias de la tradición cristiana ortodoxa rusa (aunque con las caras de los miembros de Turisas), la banda se veía envuelta en una atmósfera muy favorable para dar rienda suelta a su Symphonic Metal.

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El sexteto apareció sobre el stage Jesús de la Rosa ataviados, como es costumbre, con sus petos de cuero y atuendos guerreros, además de llevar las caras pintadas del habitual rojo y negro. Esto mismo (lo de las caras pintadas) se podía ver en muchos de los aficionados que se agolpaban en las primeras filas ante el escenario.

El comienzo fue tan épico como se espera de la música de estos finlandeses, a cargo de “The March of the Varangian Guard”, de su popular “Stand Up And Fight”. Melodías en tono heroico, con fuerza en las bases de batería y un teclado muy evocador de manos de Kasper Mårtenson.

Desde un primer momento se vio que Turisas tenía muchos fans que harían que el concierto les fuera a favor a base de pasión por su música.

“A Portage To The Unknown” sonó aún más “Battle Metal” (como ellos gustan de autodenominarse), con el sugestivo violín de Olli dando el pie al resto de compañeros. Coros por doquier, sobre y bajo el escenario, en un ritmo que alternaba el doble bombo y la cadencia casi marcial. Teclados, como no, y un solo compartido por el violín terminaron de encantar a los seguidores de Turisas.

La banda se repartió la relevancia sobre el escenario de manera muy equitativa, pues cada uno de los integrantes contó con su parcela de relevancia. Obviamente Warlord Nygård, como frontman, era el que copaba el centro del escenario y conseguía captar más atención, pero sus compañeros no se resignaban a pasar desapercibidos.

Las guitarras de Jussi Wickström, como buena banda de Metal, serían indispensables para generar los riffs de fuerte carga épica que son la impronta de Turisas. Las bases rítmicas en la percusión de Jaakko Jakku, el puntal de unas métricas con mucha fuerza, mientras que Jesper Anastasiadis tomaba gran presencia con sus movimientos y moshing continuos.

El resto, Olli Vänskä al violín y Kasper Mårtenson en los teclados, terminan de conformar el sonido propio de Turisas a base de sonidos Folk y una ambientación casi epopéyica.

La siguiente terna la compusieron “To Holmgard And Beyond”, “Piece By Piece” y “The Great Escape”, con unas tesituras similares, aunque no me gustaron tanto como las previas.

El trío final empezaría con “Hunting Pirates”, que volvía a recaer en el “Stand Up And Fight”, un disco por el que parecen que tienen gran cariño. Personalmente he de decir que, aunque puede resultar interesante, no lo encuentro especialmente destacable dentro de otros muchos de este estilo. Pero sí es verdad que el carácter “glorioso” que quieren dar a su música siempre juega a su favor.

Se acercaba el final cuando se marcaron “Battle Metal”. Tras una excitante presentación por Warlord que levantó los ánimos de los fans para que estos empezaran a agitar sus manos cornudas y sus melenas, Turisas empezaron a dar caña con todos los ingredientes que ya habían explotado en lo que llevaban de show. La gente estaba encantada, por lo que se veía, pues acompañaban tarareando hasta el solo de violín de Olli.

El remate fue precisamente “Stand Up And Fight”. Ya digo que no encuentro este disco tan bueno como proclaman los acólitos de la banda finlandesa, pero los temas que trasladaron al directo contaron precisamente con el plus de la viveza y la intensidad de un concierto. Además, este corte en particular cuenta con una dualidad muy curiosa: no sonó muy rápido o muy duro, a excepción del estribillo, que sí que elevaba la intensidad y hacía que el público lo cantase y saltara a su ritmo.

En fin, interesante aunque yo no destacaría especialmente el concierto de Turisas dentro del festival, a excepción de la estética del grupo y del escenario, eso sí.

Y rápidamente al escenario Azucena para ver a Refuge.

La banda paralela a Rage, con su cantante y dos de sus anteriores miembro: Peavy Wagner, Manni Schmidt & Christos Efthimiadis.

La verdad es que no sé muy bien cuál es el estatus de Rage, teniendo en cuenta que parece que Peavy se encuentra muy contento con este proyecto de Refuge, pero me imagino (y espero) que su “banda matriz” sigue y seguirá funcionando.

El caso es que tuvieron una hora para marcarse casi una docena de versiones de Rage.

Empezó sonando a modo de intro una pieza clásica, que ya sabemos lo aficionado que es Peavy a la música de cámara. Luego, en lo que saludaron y se posicionaron, pasaron a la caña: “Time Waits For No One”.

Esta dejaba entrever que el show se basaría en los cinco discos (más cuatro Ep’s) que compartieron esta misma formación bajo la disciplina de Rage. Unos seis años muy fructíferos para la banda de Herne, donde se sentaron las bases de su enorme popularidad alrededor de todo el mundo.

En la crónica de la jornada anterior estuve hablando de algunas bandas de Power y Speed Metal que me agradaban, dentro de una enorme amalgama de grupos de este estilo que proliferaron hace años y que saturaron artificialmente (bajo mi punto de vista) el mercado. Pues bien, Rage creo que es una de esas grandes bandas que supieron encontrar un sitio principal a base de un sólido y contundente sonido speedico y genuinamente metalero. Power sí, y además haciendo honor al nombre.

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Así que teníamos un power trío con mucho que decir en cuanto a lo musical porque se entretenían poco en otros menesteres, pero oír temas como “Solitary Man” o “Power And Greed” en la afilada voz de Peavy, sobre unas potentes cuerdas en manos de Manni, valía mucho.

Y qué decir de la batería de Christos, que sonaba tremendísima cuando descargaron “Death In The Afternoon”, “Enough Is Enough” o “Invisible Horizons”.

Quizás Refuge no ocupaba un lugar preponderante en el cartel del festival, emplazado en horarios diurnos en los que la gente aún iba entrando al recinto, pero no por ello escatimaron y dejaron de recrear unos temas que daban una tralla inmensa. Riffs que aunaban perfectamente la melodía con la fuerza, y todo ello a una velocidad envuelta en el más genuino Speed Metal.

Así se fue recorriendo el setlist que se recreaba en aquellos cinco discos de los antes Rage y ahora Refuge. “Waiting For The Moon”, “The Missing Link”, “Baby, I’m Your Nightmare” fueron parte de ese recorrido.

El final, no obstante, lo reservaron para “Firestorm” y “Don’t Fear The Winter”, aprovechando Peavy para dar rienda suelta a su característica y vibrante voz. Una voz con la calidad para alcanzar unos tonos que no pareciera al verle con un aspecto fornido y corpachón; con sus particulares calva y perilla… Una pinta bastante diferente a las de la época de estos álbumes, por cierto. No obstante, la garra y la energía permanecen intactas.

Fue un concierto de buen nivel este de Refuge, con unas canciones celebradas por los más conocedores de la discografía de los alemanes, pero que también se podía disfrutar en grande por los neófitos gracias a lo atractivo de la música.

Y un nuevo salto hacia el escenario de al lado para ver a uno de los grupos más deseados para algunos. Una banda de circunstancias, por decirlo así, con un plantel auténticamente mítico. Eran los Rock Icons.

La banda Rock Icons se compone de: Joe Lynn Turner, Steve Augeri, Eric Martin, Bill Champlin y Robin Beck (todos ellos vocalistas), P-O Nilsson (teclista), Søren Andersen (guitarra), Ken Sandin (bajo) y Pontus Engborg (batería). Aunque el concierto de este Leyendas del Rock 2015 sólo contaría con dos de esos cantantes, pero estos serían nada menos que Joe Lynn Turner y Eric Martin.

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En la sección de cuerdas también había un cambio, pues sería Jorge Salán el encargado de tocar la guitarra para esta ocasión. Uno de los más grandes guitarristas de nuestro país a las órdenes de dos prodigiosas voces del Metal de todos los tiempos. Muy mal se tenía que dar para que este show no fuese legendario (nunca mejor dicho).

El primero en entrar en funcionamiento sería Eric Martin, que tenía por cierto un aspecto formidable. Se arrancó con el “Alive And Kickin’” de Mr. Big, que fue templando la voz y el ambiente. El paso a la siguiente “Daddy, Brother, Lover Little Boy” sí que empezó a dejar claro lo grande que sería este concierto, un tema más potente y donde Eric compitió con la guitarra de Jorge en un duelo delicioso. Y por fortuna, no sería el único de la tarde noche.

Una vez culminada esta excelsa presentación, Eric dejó su puesto a Joe Lynn Turner para que este le hiciese el relevo y la réplica a base de temazos de Rainbow como “Death Alley Driver”, “Streets Of Dreams”, “Can’t Let You Go” o “Spotlight Kid”. Lo cierto es que la selección de temas era impresionante, aunque se podrían haber escogido otros probablemente con resultados similares porque Joe Lynn estaba pletórico y exultante de capacidades. Qué gozada ver a este tipo, con bastante buen aspecto para tener 64 años (aunque oculto tras unas grandes gafas oscuras), marcándose temas tan míticos con absoluta generosidad en su voz.

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Por cierto, que “Streets Of Dream” sonó maravillosa con esas melodías reproducidas a través de la guitarra de Jorge Salán.

Joe Lynn volvió al backstage para dejarle los siguientes minutos a su compañero, así que Eric retomó donde lo había dejado y se cantó “Gotta Love The Ride”, “Addicted To The Rush” y “Just Take My Heart”.

Era curioso y maravilloso ver esta dicotomía en el escenario, con temas de bandas distintas y caracteres muy propios, pero con igual valía y transmitiendo grandes emociones todas ellas. Porque si “Streets Of Dream” encantaba, qué decir de “Gotta Love The Ride”.

Así se alternaban los dos vocalistas, compartiendo una fantástica banda que sabía muy bien donde y a quienes tenían entre ellos. Nada podía fallar en lo musical…

El caso es que no falló, aunque el tiempo estuvo a punto de dar un disgusto. El tiempo meteorológico me refiero, pues empezaron a caer gotas, bajar la temperatura y nublarse el cielo. A todo esto hubo que sumar unas rachas de fuerte viento que obligó a descolgar los telones que cubrían los fondos de los escenarios, así como afianzar algunos elementos suspendidos de las estructuras. Todo ello por el riesgo de que cayeran, por lo que os podéis imaginar cómo resultó ese viento.

El caso es que fue amainando un poco, aunque para dejar paso a una fuerte lluvia que obligó a todo el que pudo a resguardarse en la carpa de la barra. Pero también hubo quien decidió quedarse en las primeras filas y darlo todo, aun calándose. Todo fuera por estos mitos del Rock.

Joe Lynn volvió para una “Stone Cold” muy emocionante y Eric hizo lo propio para una “Wild World” que también acompañó con su guitarra acústica, y luego “To Be With You”.

Pero el que se llevó el gato al agua fue Joe Lynn con un final apoteósico de su mano. Sin ir más lejos, se marcó una “I Surrender” que nos dejó flipados. Una de las más grandes canciones de Rock de todos los tiempos en su voz original. Sencillamente magistral.

Pero es que le siguió “Man On A Silver Mountain”, ahí es nada.

Y el colofón a base de “Smoke On The Water” y “Long Live Rock And Roll”, además con Jorge Salán demostrando de lo que es capaz.

Un concierto sencillamente in-ol-vi-da-ble.

De todos modos, creo que el show se recortó un poco por el tema de la climatología. Una pena, pero esto nos dejó tiempo para ir a ver el final de la actuación de Angel Witch.

Llegamos finalizando “Devil’s Tower” y para comenzar “Dr. Phibes”. Un corte tan clásico de la banda como su Heavy Metal de la New Wave… o sus oscuras letras. Personalmente me encantan las guitarras de Kevin, que alterna con su propia voz en temas aparentemente tan sencillos, pero también tan llenos de fuerza y música.

Temas concisos y directos como lo serían el “Angel Of Death” de su disco debut o una oscura “Baphomet” que arrancaba con una profunda batería de manos de Andy Prestridge.

El escenario lo compartían los miembros de este trio casi por igual en relevancia, cada uno con su parcela bien definida. Era imposible no atender a la figura de Will Palmer tocando el bajo en el escueto escenario Marky Reale.

Remataron su gran faena con la canción que les da nombre. “Angel Witch”, donde Kevin se salía con la guitarra. Tanto así que acabó marcándose unos cuantos acordes más como postrimería, recordando el riff de “Devil’s Tower” para deleite de un buen puñado de fans que estaban extasiados por ver a una grandísima banda del NWOBHM que se ha prodigado poco por escenarios durante su carrera, por lo que cada ocasión no deja de ser un acontecimiento.

Y de vuelta al escenario Azucena para ver a Edguy.

Edguy, una banda con gran popularidad y que hacía uso de ella para albergar a una gran cantidad de metalheads frente a su stage.

El quinteto de Fulda se presentaba en el Leyendas del Rock con la intención de hacerse valer entre una variada oferta de bandas de Power que compartían cartel con ellos.

Así empezaron con “Love Tyger”, de su último trabajo “Space Police - Defenders Of The Crown”.

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Ritmos trepidantes y movidos para un Power muy rockero que daban lugar a riffs sencillos pero accesibles al gran público reunido para disfrutar de los alemanes. De las guitarras se encargaban Jens Ludwig y Dirk Sauer, Tobias Exxel del bajo y Feliz Bohnke de la batería; pero sería Tobias Sammet el centro de atención para casi todo el mundo.

No tardarían en recalar en esos temas que los fans anhelan en los directos. Así se pudo oír pronto “Tears Of A Mandrake”, con su melodía marcada y la voz de Tobías muy preponderante, aunque no llegó a colmar mis recuerdos de cómo sonaba en disco. Pero bueno, las guitarras sacaron buena partida al tema.

Luego vendría “Lavatory Love Machine”, más fulgurante en velocidad y de tintes más genuinamente Power, con un Tobias Sammet que se resistía a quitarse una chaqueta oscura que daba calor sólo de verla.

“Space Police” sería la segunda y última incursión en el último disco de la banda hasta la fecha. Supongo que los aficionados más antiguos de la banda agradecían cortes más pretéritos y clásicos, dado el limitado tiempo del que disponían.

Un ejemplo de esos clásicos sería, como no, “Vain Glory Opera”. Arrancaba con samplers hasta que Jens y Dirk conseguían enganchar el riff galopante que iría logrando elevar las manos cornudas de los fans. Un tema que da muy buen resultado en directo por la carga emotiva y emocionante de su música y hasta de la voz de su frontman. Seguramente esta interpretación no será especialmente recordada en la historia de la banda, pero el que no se divirtió fue porque no quiso porque el show fue bastante correcto en general.

“Babylon”, del “Theater Of Salvation”, colocaba otra pica de genuino Power en la ya noche cerrada de Villena. Como he dicho en otros momentos, los grupos de este estilo me tienen que convencer mucho para retener mi atención frente a otras alternativas. Bueno, la verdad es que la alternativa en el Marky Reale era Freedom Call, así que pillé una cerveza con unos colegas murcianos (saludos desde aquí, por cierto) y eché el rato con ellos, en buena compañía y con Edguy de fondo.

Pero bueno, con la archiconocida “Superheroes” (que es divertida pero creo que tienen tracks mucho mejores), la balada “Save Me” o una más contundente “Fucking with Fire (Hair Force One)”, Edguy fue gastando minutos de su tiempo con una propuesta conservadora pero supongo que efectiva con sus seguidores.

El final sería para “King Of Fools”. Interesante desde cada una de las líneas y coreada por gran parte del público, además de por los propios músicos. De lo que más me gustó.

En fin, un concierto muy respetable, aunque no creo que destaque en el grueso de lo que sonó en el Leyendas 2015.

Pasamos entonces al Jesús de la Rosa para el que se podía entender como cabeza de cartel de la segunda jornada: The Darkness.

La banda de los hermanos Hawkins se presentaba en este festival con una enorme cantidad de expectantes rockeros esperándolos. Tengo que confesar que más de los que esperaba.

“Black Shuck” del “Permission To Land” sería la primera en sonar, con un Justin que salía corriendo desde el backstage al escenario para empezar a alternar su voz con sus celebérrimos falsetes. Ataviado con un traje de lentejuelas aún más hortera que los que llevaban su hermano Dan o el bajista Frankie Poullain, Justin tardaría poco en desprenderse de su chaqueta y empezar a lucir tatuajes y palmito.

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No es que la música de The Darkness me vuelva loco, pero tengo que admitir de nuevo que su propuesta visual me divertía mucho.

“Open Fire”, “Growing On Me”, “Mudslide”… entretenían en lo musical, con ritmos pegadizos y guitarras fáciles de digerir. No obstante, Justin era el alma de la fiesta con sus movimientos, provocaciones y su sempiterno falsete, además del striptease que parecía ir realizando corte tras corte. Cada vez con menos ropa, hacia el final del show acabó con apenas un bañador náutico.

“One Way Ticket” serviría para que la gente cantara el socorrido “Oé, oé, oé…” al compás que marcaba el inquieto frontman, en una complicidad cada vez mayor con el público.

El caso es que estuve hablando con algunos colegas después del concierto y varios de ellos me comentaron que encontraban realmente “irritante” la voz tan aguda y chillona de Justin a la hora de cantar, que no soportaron más que el comienzo del concierto.

Supongo que The Darkness es un grupo de excesos, de exuberancias llevadas al extremo que consiguen acólitos y detractores a iguales medidas. Personalmente creo que no me encuentro en ninguno de los bandos, pero intenté disfrutar de la “performance”, por así decirlo.

“Get Your Hands Off My Woman” sonó tan pletórica de tonos altos como la que más, mientras que “Roaring Water” dejó más espacio a la guitarra de Dan sobre el ritmo impuesto por Rufus y Frankie. Quizás un poco distinta al resto del setlist, resultó un interesante contrapunto más clásico a la hora de enfilar la segunda mitad del concierto.

“Love Is Only A Feeling”, “Barbarian”, “Given’ Up”… serían llevadas a los oídos de los fans a buen paso a base de melodías muy cargadas de Rock clásico.

En cuanto a presencia, pues ni que decir tiene que Justin se llevaba la palma, pero lo cierto es que Dan no pasaba desapercibido con un traje de ¿terciopelo rojo?, de grandes picos. Y Frankie con… bueno, la verdad es que lo que llevaba puesto no sé ni tan siquiera si tenía nombre.

“Street Spirit (Fade Out)” (que curiosamente en una cover de Radiohead (…)) dio buena dosis de guitarra y de tonos altos en la voz de Mr. Hawkins.

Luego “Stuck In A Rut” estuvo bien y sirvió de preámbulo a “I Believe in a Thing Called Love”. Era la más esperada, era la más deseada y fue la que colmó las expectativas de los seguidores de The Darkness.

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Hubiera sido acabar por todo lo alto, pero decidieron añadir “Love on the Rocks with No Ice”. Parecía un poco de bajón respecto a la previa, pero resulta que Justin se montó sobre los hombros de su hermano y salieron a tocar y cantar entre el público que los estaba viendo. Fue la apoteosis! Todo un puntazo! Sin duda uno de los momentos más intensos y destacados de este festival.

Aprovechamos el final de The Darkness para ir a reponer fuerzas y echar un vistazo al show de Reckless Love. La banda finlandesa de Kuopio se presentaba en el Marky Reale como una propuesta europea de auténtico Rock americano.

Los conocía de haberlos escuchado hacía algún tiempo y quería saber cómo funcionaban en vivo.

“Back To Paradise”, “I Love Heavy Metal”, “Edge Of Our Dreams”… dejaban ver la enorme influencia de grupos americanos de Glam y Hard Rock, pero parecían revivir aquellas tendencias más noventeras con un ímpetu muy actual.

Luego creaban un show visual muy centrado en las “provocaciones” y coqueteos de su vocalista Olli Herman con la gente más próxima al escenario. Ataviado con una camiseta de redecilla (…) y con una estética muy cuidada, Olli se plantaba como el rockero – sex symbol que aún parece estar vigente en la escena Rock.

Todo ello se estructura sobre melodías de guitarra que intentan cautivar a la audiencia, desde las cuerdas de Pepe Reckless (que realmente se llama Perttu Salohalme).

“Born To Break Your Heart” y “Hot” fueron las últimas. Los ritmos de batería de Hessu Maxx y el apoyo del bajo de Jalle Verne hacían de estas unas canciones apetecibles cuando Olli las culminaba con una buena voz, que es su mayor valor más allá del físico.

Interesante el concierto que vimos, aunque fuera parcialmente. Quizás apetecían bandas más duras, pero como impás que pudimos aprovechar, no estuvo nada mal.

Y llegamos entonces al tiempo de Doro. Se retrasó un poco pero valió la pena cuando la buena de Doro Pesch nos ofreció un recital muy basado en su época de Warlock.

Los músicos de la banda estuvieron pronto sobre las tablas mientras sonaba la intro pregrabada, esperando a la vocalista que salió para cantar la primera de muchas covers de los citados Warlock. Sería “Touch Of Evil”, para empezar la docena larga de cortes de su setlist.

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Luego “I Rule The Ruins” terminó de encender los ánimos y “Burning The Witches” confirmó que Doro y los suyos se encuentran la mar de cómodos sobre el escenario del Leyendas del Rock. No es la primera vez que tocan ni mucho menos, pero creo que este año sí que consiguieron un horario totalmente propicio para aprovechar todo su potencial. Con una temperatura muy agradable y todo un auditorio predispuesto a pasarlo en grande con la música de esta dama del Heavy Metal.

Su banda, con la que lleva ya un buen tiempo, tampoco anduvo corta de fuerza a la hora de marcarse temas más que populares.

Con el batería Nick y el bajista Johnny lleva desde el siglo pasado, así que cuando se tocaron temas propios como “Raise Your Fist In The Air” o “The Night Of The Warlock”, pues la base rítmica sonó atronadora y perfecta en esta genuina noche metalera.

Luego los dos guitarras Luca Y Bas, con menos años en la disciplina de la banda pero igualmente solventes si tuvieron que marcarse “True As Steel” o “Metal Racer”, también versiones de Warlock.

Quizás no profundizo demasiado en los temas porque son todos ellos temazos archiconocidos y seguramente todos habréis oído a Mrs. Pesch cantándolos en multitud de ocasiones. Pues bien, esta como en las mejores. Una metalera eterna, con una voz eterna. Maravillosa Doro.

El quinteto con el que finalizaron fue aún lo mejor del show. Si cayó una “Breaking The Law” a la que estoy seguro de que Judas Priest daría su bendición, y que fue cantada por miles de gargantas para hacerle las “backing voices” a la frontwoman.

Luego un par de covers más de Warlock con un resultado estupendo. “Für Immer”, capaz de mantener la tensión con una propuesta muy minimalista; poco más que la voz. Luego una admirable “Metal Tango” que fue un momento fabuloso.

Y luego quizás la más esperada y emblemática de las fijas en los shows de Doro. Por supuesto se trataba de “All We Are”, que todo el mundo cantó a tope. Unos instantes espectaculares.

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Y remataron con otra más que previsible “Hellbound”. Momento totalmente metálico para dejar un gran sabor de boca a los fans que se contaban por millares y que recibieron una dosis de Heavy de gran nivel a cargo de Nick, Johnny, Luca, Bas y la grandiosa Doro Pesch.

Para mí casi finalizaba la jornada, aunque aún me quedé a ver la primera terna de Saratoga. Otro de los grandes grupos del Heavy Metal español, con una trayectoria extensa y gloriosa.

Si bien han pasado por distintas formaciones, la que conforma Saratoga ahora y se nos presentaba sobre el escenario en esta noche es absolutamente de lujo. Con un Tete Novoa de aspecto imponente sobre las tablas, tomando el centro del stage en pose desafiante y escoltado por el eterno Niko del Hierro en el bajo y por un pródigo Jero Ramiro en la guitarra. Detrás, Dani Pérez a la batería.

Empezaron con “Con mano izquierda” y continuaron con “Tras las rejas”, con algo más de melodía de guitarra y una muy buena batería.

De Saratoga no vamos a descubrir nada ahora, pues es una de esas bandas de sobra conocida por todos, pero sí que tengo que confesar que, de entre los vocalistas con los que ha contado, es Leo al que más estima tengo. Ver a Saratoga es recordar sus conciertos.

No obstante, eso no es un menosprecio a Tete Novoa en absoluto. Es obvio que Tete se entrega al máximo para hacer aún más grande a Saratoga, se esfuerza y cuida mucho de dar lo máximo en directo para poner en valor temas muy conocidos de su época y de las anteriores. Además también se cuida de mantener un aspecto que le da presencia y relevancia a la estética propia y de la banda.

Desde luego que Tete no pasa desapercibido en un escenario. Todo cuenta, por supuesto.

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Después se marcaron “A sangre y fuego” pero me temo que el cansancio me hizo demasiada mella para seguir al pie del cañón, por lo que hube de abandonar el recinto buscando un poco de descanso para abordar con fuerzas la tercera jornada.

Dejé a Saratoga en plena actuación, muy a mi pesar, aunque es una banda que he tenido la oportunidad de ver varias veces en el pasado y tengo la confianza de poder verla de nuevo muy pronto. Así pues dejé a Jero tocando su magistral guitarra en unos solos fantásticos, de los que acostumbra a marcarse, como buen telón de fondo para la retirada hacia la oscuridad de la noche que envolvía el recinto del Leyendas del Rock 2.015.

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