Loquillo, Sala Joy Eslava, Madrid

Escrito por Fernán del Val
Categoría: Crónicas de conciertos Creado: Domingo, 19 Abril 2009 20:15
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Mientras que la mayor parte de los grupos de este país llegan a Madrid para cerrar sus giras, con el repertorio ya engrasado, Loquillo decidió abrir esta segunda parte de su tour en la capital, retando al personal y desafiando los tópicos. Y, aunque se notaron pequeños desajustes, sólo Loquillo es capaz de “marcarse un farol” de ese tipo y salir victorioso.

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  Escoltado por Jaime Stinus e Igor Pascual a las guitarras, Laura Gómez Palma al bajo, Mario Fueyo a los teclados y Laurent Castagnet a la batería,  Loquillo dio un buen repaso a su último disco, “Balmoral”, así como a su producción más reciente. No faltaron tampoco los clásicos, desde la políticamente incorrecta “La mataré” a la icónica “Cadillac solitario”.  

Aunque el concierto comenzó de forma reposada, con las guitarras de Stinus y Pascual más contenidas de lo habitual, dando más presencia a los teclados en canciones como “Por amor” o “Hijo de nadie”, pronto se vio que el vasco y el asturiano son piezas claves en la propuesta del Loco. Sorprendió también el buen humor del cantante, quien inundó el teatro con su sonrisa, a pesar de pequeños fallos de repertorio que éste solventó con gracia. Un espacio como la Joy Eslava es perfecto para José María Sanz, que dio rienda suelta a sus dotes como actor, clavando una noche más el personaje de Loquillo. Pequeños guiños, golpes de micro, pasos de baile, chasquidos de dedos, miradas desafiantes...todas sus armas teatreras dieron juego.

 

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Con el tema “Dispararé”, grabado junto al Columpio Asesino, Loquillo abrió la fase más “dance” del concierto, en la que los ritmos de la batería y los sintetizadores inundaron la sala, que por un momento se convirtió a una pequeña pista de baile, con bola disco incluida. “Arte y ensayo” y “Sol” continuaron por esa senda, que recordó a los Depeche Mode más accesibles, y en donde Igor Pascual demostró ser un showman de estilo glam más que solvente. Resultó curioso también como Loquillo cedió protagonismo escénico a los guitarras para que se lucieran con sus solos y sus juegos. Quizá la edad ha restado ego al cantante.

 

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 Con “Rocanrol actitud”, “El rompeolas” y “Cadillac solitario” Loquillo cerró la actuación, victorioso ante el envite de la capital, que se rindió a sus dos metros de altura y a sus inmensurables canciones.

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