Steve Earle-Joy Eslava-Madrid.13-02-08

Escrito por Fernán del Val
Categoría: Crónicas de conciertos Creado: Miércoles, 05 Marzo 2008 08:59
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La esencia del folk-rock americano estuvo presente en el concierto que este insigne músico ofreció en Madrid. Barba, camisa de leñador, vaqueros, guitarra acústica y armónica. Así es Steve Earle. Así es el rock clásico americano.

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En una sala abarrotada, Earle dominó la escena sin aspavientos ni movimientos innecesarios. En un escenario decorado apenas con alfombras el músico se plantó solo en la escena, desgranando poco a poco temas clásicos, y algunos más recientes, incluidos en su último disco Washington Square Serenade. El silencio que reinó la sala fue apabullante. Alumnos atentos a la lección magistral del viejo maestro. Fue algo paradójico, ya que a músicos españoles que siguen ese tipo de género acústico se les suele respetar más bien poco; el público español es muy del gallinero, lo que hace suponer que gran parte del público no era de estos lares. O que ante el autor extranjero guardamos más las formas... 

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Pero el concierto que ofreció Earle fue más variado de lo que se podía pensar en un principio. Tras esos temas en acústico, apareció en escena un...¡DJ! ¡La antítesis de la música folk! Si Dylan ya les puso colorados a los más fieros defensores del folk cogiendo una guitarra eléctrica, que no dirán de esto...pero la cosa tampoco degeneró en una rave, ni nada parecido. Modernidad y tradición se unieron para crear texturas nuevas y dar un poco más de empaque a los temas. Sobre todo lo que el DJ aportó fue la base rítmica a los temas, permitiéndonos mover los pies. Un poco de ritmo, que no vino mal.

Pero también aportó elementos sonoros interesantes, con aires arabescos, que enriquecieron las canciones. E incluso algún scratch se oyó por allí. Un renovador del género el señor Earle.  Pero no terminaba ahí el espectáculo, ya que también hizo aparición en escena Alison Moorer, esposa de Earle, y con una sólida carrera como cantante también. Ahí el matrimonio mostró la riqueza de los coros, y de saber empastar bien las dos voces. Con ellos en escena se vivieron los momentos más tiernos en escena. Earle, además, hizo gala de un inmenso arsenal de guitarras, mandolinas, banjos...nada con 6 cuerdas se le resistió.  

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Para acabar el maestro volvió a plantarse solo en escena, dejando maravillado a un público devoto, que rindió pleitesía con un silencio y una atención inéditas en este mundo latino.

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