Javier de Torres- Sala Galileo (Madrid)- 11-2-08

Escrito por Fernán del Val
Categoría: Crónicas de conciertos Creado: Domingo, 02 Marzo 2008 19:53
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Es Javier de Torres un elemento extraño de la música popular española. Un outsider. La música es un hobby que se le da muy bien, pero de la que no vive. Y eso le da una libertad creativa, estética y moral que pocos músicos se pueden permitir.

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A pesar de no dedicarse profesionalmente a la música Javier lleva 4 discos publicados en los últimos 6 años, lo que muestra la constancia de su obra. Su estilo es una mezcla de cantautor rockero, pop de melodías pegadizas y crooner de piano bar. Pero lo que sorprende al escucharle es la afiladísima pluma con la que va hilando historias costumbristas, alegatos políticos incendiarios, declaraciones de amor y sexo desenfrenado o tiernas baladas impregnadas de melancolía. Es un francotirador que  dispara a músicos, políticos o deportistas, al tiempo que se auto flagela con saña.

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   Su imaginario lírico es potente, consistente y creíble. Lolitas de barrio, rubias de pechos exuberantes, cuarentones en crisis,  Margots de piel blanquecina y belleza deslumbrante... el universo femenino es una constante en sus textos, con hembras de todo tipo y pelaje. Quizás cae en el tópico de situar a los hombres como perdedores, peleles en manos de esa femme fatals, pero frases del tipo “soy como Míchel en las barreras, me agacho en los golpes francos” (Corea, Insolente, 2007) redimen al autor de caer en lo banal. Es la ironía, sin duda, el elemento fundamental de sus textos. 

 

 Así que había muchas ganas de ver como era su propuesta en directo, ya que se ha prodigado muy poco en los últimos años en Madrid. Para ello Javier montó una banda magnífica, con la que ya trabajó en la grabación de su último disco. La formación fue la siguiente: Gabriel Marijuán (batería). Ramón Redondo (teclados), J.C. Bermejo (bajo), Carlos Rodríguez y Quique Fuentes (guitarras y coros), Diego Galaz (violín), Toni Sáenz, Sergio Cerro e Isabel Urzáiz (coros). Músicos de renombre que han formado (y forman) parte de bandas como Los Secretos, Mamá, Happy Losers o Rubia. Entre tanta gente Javier de Torres se crecía en su papel de crooner de barrio, centrándose en la interpretación de los temas.  

 

El concierto fue intenso y dinámico, con poco tiempo para respirar. Desde el principio la banda fue enlazando temas, pasando del rock eléctrico de Creo o Las brigadas rojas (radical declaración contra la derecha política española) a momentos de reposo y bellos arreglos como fueron 20 cm., Frágil o Viaje a París. Uno de los momentos más brillantes fue la interpretación de Las luces del Pop, cuya letra es un ejercicio de autocrítica e ironía, a la vez que un ataque frontal a la melancolía reinante en muchos artistas españoles (Quique González todavía se debe revolver al escuchar este tema). La salida a escena de Diego Galaz con el violín subió muchos enteros el espectáculo, redondeando canciones como No fue solo por hambre, Insolente, Amapolas y trigo o El paso del tiempo. Para el fin de fiesta, con el escenario a rebosar de gente (destacando un tipo llamado Richi, que animó el cotarro con un extraño baile autista), la banda reservó Amor racial, single actual de Insolente y El lado oscuro. Lo cierto es que supieron a poco los dos últimos temas, y nos dejaron con ganas de más, ya que el concierto fue vibrante. Le faltó un bis. 

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 Como decía, personajes como éste, libres de presión en ventas, sin necesidad de rendir cuentas a nadie, más que a su propio criterio, enriquecen enormemente la música escrita en castellano. Y su figura, como su ironía, no pueden sino ir mejorando y agrandándose con el tiempo.  

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